Atar los perros con longanizas

"Atar los perros con longanizas"

La expresión se usa con cierta ironía cuando se pondera o exagera el nivel económico y la esplendidez de alguien. También se dice cuando una persona pretende excederse en cuestión de gastos y consumo.

El origen del modismo se cree que proviene de un simpático suceso ocurrido en la localidad salmantina de Candelario, concretamente en la fábrica de embutidos de Constantino Rico, industrial del sector conocido cariñosamente con el apodo de Tío Rico.

Parece ser que cierto día una de las empleadas, cansada de los intentos de un perro hambriento por colarse en la fábrica, decidió atarlo a un poste de la entrada a la factoría. Al no encontrar nada con qué amarrarlo, no dudó en echar mano de una ristra de longanizas.

Probablemente, alguien que vio atado al can de esa guisa corrió la voz y los lugareños empezaron a decir en broma que "el Tío Rico es tan rico que en su casa atan los perros con longanizas".

Nadie deje de sembrar por miedo de gorriones

"Nadie deje de sembrar por miedo de gorriones"

El miedo a daños eventuales o problemas no deben ser óbice para no acometer una empresa beneficiosa.

Variantes:

  • Nadie deje de sembrar por miedo de gorriones
  • Por miedo de gorriones no se deja de sembrar cañamones
  • Por miedo de gorriones no se dejan de sembrar cañamones
  • Por culpa de los gorriones no se dejan de sembrar los cañamones
  • Por miedo de los gorriones, no hay que dejar de sembrar los cañamones
  • Por miedo de gorriones no dejes de sembrar cañamones

Sinónimos:

  • Por mal vecino no deshagas tu nido

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